Una nueva salidera bancaria volvió a sembrar miedo en Ituzaingó y dejó al descubierto, una vez más, la precisión con la que operan las bandas dedicadas a este tipo de delitos.
El hecho ocurrió sobre la avenida Santa Rosa, entre Andrés Lamas y José María Paz, en un punto neurálgico del distrito y a plena luz del día.
Según pudo reconstruir Oeste Noticias a partir de fuentes de la investigación, la víctima acababa de salir de la sucursal del Banco Santander ubicada sobre esa misma arteria.
El hombre circulaba en su vehículo cuando debió detenerse ante un semáforo.
Fue en ese instante cuando una motocicleta con dos ocupantes se colocó a la par del auto.
Ambos delincuentes llevaban cascos rojos.
Sin dudarlo, el acompañante descendió rápidamente del rodado y caminó directo hacia el vehículo.
En una maniobra violenta y precisa, rompió el vidrio delantero derecho.
De inmediato tomó el bolso que estaba dentro del habitáculo.
Allí se encontraban los cinco millones de pesos que el cliente bancario acababa de retirar.
Toda la secuencia duró apenas seis segundos.
Testigos presenciales, entre peatones y automovilistas, observaron el ataque sin poder reaccionar ante la velocidad del golpe.
Consumado el robo, los motochorros escaparon a toda velocidad, incluso circulando en contramano para evitar ser alcanzados.
Pero el episodio tuvo un segundo capítulo.
Dentro del bolso sustraído había un dispositivo tecnológico con sistema GPS.
Tras comprender lo sucedido, el propio damnificado decidió seguir la señal del equipo acompañado por otras personas, pese a que ya había dado aviso a la Policía.
El rastreo lo condujo hasta un domicilio cuya dirección no trascendió públicamente.
En ese lugar no atendió nadie y los vecinos aseguraron no haber visto movimientos sospechosos.
A partir de ese momento, la SubDDI de Ituzaingó tomó intervención formal en la causa.
El expediente quedó en manos del fiscal Marcelo Tavolaro, titular de la UFI Descentralizada N°1 del distrito.
Los investigadores trabajan ahora sobre cámaras de seguridad públicas y privadas para reconstruir el recorrido de fuga.
También intentan determinar si el dispositivo robado continúa emitiendo señal.
Un dato clave surgido de la pesquisa es que el hombre ingresó al banco con un bolso vacío y salió con el mismo visiblemente cargado.
Ese detalle refuerza la hipótesis de la presencia de “marcadores” en las inmediaciones de la entidad bancaria.
Para los investigadores, no se descarta que haya personas apostadas en la zona que observan a los clientes y alertan a las bandas una vez detectados retiros importantes de dinero.
La modalidad no es nueva.
Durante el año pasado, la misma sucursal del Banco Santander ya había quedado vinculada a al menos dos salideras bancarias cometidas con pocos días de diferencia.
Aquellos episodios encendieron las alarmas entre comerciantes y vecinos del corredor de avenida Santa Rosa.
Hoy, con este nuevo golpe millonario, vuelve a ponerse en debate la falta de prevención y controles en los alrededores de las entidades financieras.
Mientras tanto, la víctima intenta recuperarse del shock y espera avances concretos en la investigación.
El objetivo ahora es identificar a los autores del robo y establecer si se trata de una banda organizada que actúa de manera sistemática en la zona oeste.












